III   REGRESO A ESPAÑA

 

            El 25 de noviembre de 1977 aterrizamos en el aeropuerto de Barajas. Al llegar  debo permanecer unos días en Madrid para  cuidar a mamá y llevar la casa de mi hermana Pilarín, que aprovecha mi llegada para  extraerse la vesícula. La llegada al aeropuerto de Barajas, cuidando  a mi madre que no se tenía casi en pie y no coordinaba su pensamiento, y teniendo que recoger las 9 maletas y  localizar las jaulas de la perra ( “Diorita”) y la gata (“Dunga”) que habían viajado en la bodega del avión, fue inolvidable. Dejé a mamá  junto a una columna con órdenes de no moverse  y  me puse a vigilar las cintas por donde podían llegar las maletas y las jaulas. Cuando estas finalmente aparecieron  y me arrodillé para  sacar a mis queridos animales y abrazarlos y besarlos, se generó un círculo de gente a mi alrededor. Pilarín – que llegó con un corto pero lamentable retraso-  había venido en  un coche de unos amigos, quienes se encargaron de recoger las maletas y cargarlas. Cuando buscamos a mamá había desaparecido. Hubo que ir preguntando hasta localizarla, pues se había ido caminando en linea recta en  una determinada dirección. Por suerte había llamado suficientemente la atención como para que las indicaciones  del público resultaran exitosas. 

            Almuerzo en casa de Pilarín con champagne, mis sobrinas, sus amigos, gran celebración, al finalizar voy a buscar la maleta donde había traído todos los regalos.... y no estaba!  Pasé mi primera tarde en Madrid y la mañana siguiente recorriendo el aeropuerto de una sección a otra, acompañada por MªEugenia, sin resultado. Cuando regresábamos a casa, desalentadas, María Eugenia  me avisa: ·¡mira  aquella que está arrimada, solitaria,  junto a la puerta de salida!”. Era la mía. Había permanecido allí un día y medio sin que nadie se la llevara... 

            No es este el único susto. Aparte del mal rato que paso  el día de la operación de mi hermana, pues como de costumbre los médicos tardan demasiadas horas en informarme el resultado, días más tarde mamá – a quien siempre todos llamamos “la mamy” – dice  que baja a comprar  unos “croissants” en la panadería  de al lado y no regresa. Bajo con Coral a buscarla y no había ido. Preguntamos por todas las tiendas del barrio y nada.  A la tarde  voy a la comisaría y me dicen que hay que  dejar pasar más tiempo antes de hacer la denuncia oficial,  pero que puedo ir noticiando su desaparición por Radio Nacional de España.  Vuelvo a casa y telefoneo a la radio,  notificando la desaparición  y dando su descripción, y empiezan a irradiarla  cada hora. Seguimos  con Coral recorriendo  el barrio preguntando y buscándola. Cuando volvemos, extenuadas, a la noche, el portero  nos informa “¡Ya está arriba!”

            Se había paseado por Madrid y cuando se aburrió tomó un taxi y le enseñó la tarjeta con la dirección que previsoramente le habíamos metido dentro del bolso.

            Cuando mi hermana ya está bien, viajo a Barcelona,  me hospedo en casa de mi prima María Rosa,  me presento ante el Consulado,  dejo  alquilado un piso  vacío, antiguo  y sin ascensor, (gran error) en la calle Valencia esquina  Rambla Catalunya  (naturalmente,  no por casualidad, cerquísima de donde vivíamos antes de huir a Francia) y regreso a Madrid para recoger mis cosas y los animales.

            Me instalo, pues, en el nuevo piso  vacío  de Barcelona   pocos días antes de la Navidad de 1977, Empiezo a vivir una época de terrible soledad, solo confortada por las cartas de  Abilio. pues hace un frío terrible y mis cosas por barco no han llegado. Al partir  de Buenos Aires, en el Aeropuerto de Ezeiza me cobraron sorpresivamente una enormidad de dólares por exceso de equipaje, y el poco dinero que me quedó lo acabé de gastar con  los viajes, y manutención de esos días en España. Hasta  que cobre mi primer sueldo  no tengo dinero para comprar nada, cocino con un hornillo eléctrico prestado por la portera  duermo en un camastro  que estaba abandonado en el piso y que la portera me vende por 1000 pesetas, y como encima de la jaula con la que traje a la perra en el avión.  Intento vanamente ducharme con una ducha  de la que solo sale un único hilo de agua, porque no tiene la flor correspondiente, y ese hilo de agua es malévolamente  irregulable, por más que intento  conseguir  una temperatura intermedia,  sale alternativamente helada o quemando. Tengo una radiecita pequeña portatil que me ha dado mi prima, y por las noches aterida de frío  (pues el barco con mi ropa y mis  utensilios no llegó hasta finales de enero) en medio de aquel  piso viejo y  vacío, sin más amistad  en toda la ciudad que la de ella,  me acuerdo de mi  piso de Buenos Aires y me pregunto por qué  he hecho lo que he hecho..Mi sueldo de 513 dólares que era una fortuna en Buenos Aires, es una miseria transformado en 36.000 pesetas en Barcelona. Solo el alquiler del piso  ya me cuesta 15.000….

En esa época empiezo a escribir un relato de mis desgracias en forma irónica, y lo titulo “Historia de las andanzas y desventuras de una dama hispano-catalana-argentino-brasileña a su regreso a los lares nativos”, cambiando más adelante ese título por el más sencillo de “Naranjas en la playa”, en alusión a mi desvariante sueño de haber ido las costas mediterráneas para pintar en una cabañita  a la orilla del mar, durmiendo en un camastro y con  apenas unos cuencos para comer y añadía siempre “y si es necesario, venderé naranjas en la playa”....

 

Prólogo que escribí en 1978 para las “Andanzas y desventuras de una dama hispano-catalana-argentino-brasileña a su regreso a los lares nativos”, seguido del comienzo del referido texto.

            Para los que no conocen esta definición, que recuerdo desde mi infancia: “loco es el que dice que dos más dos son cinco; neurótico es el que dice “dos más dos son cuatro, pero no lo soporto”. Dicho en otras palabras: es aquel ser que reconoce la realidad, pero esa realidad le hace sufrir.

            Los psicólogos y psicoanalistas combaten la neurosis. Hay una realidad, así, re-a-li-dad, nos guste o no, y hay  que soportarla. Pueden llevar años en adiestrarle a uno para eso, es decir, para desneurotizarlo.

            Eso significa también que uno no debe auto-compadecerse. Si le ocurren determinadas cosas es porque, de alguna manera, se las buscó, o no ha hecho nada por evitarlas. Esta afirmación se refiere, naturalmente, a aquellas pequeñas cosas personales que son las que hacen sufrir más  intensamente a los neuróticos, a las que califican como injusticias, ingratitudes. Etc. Es decir: si a uno se le quema la casa, o un coche le corta las dos piernas, o se le muere un ser querido y está apenado por ello, se salva de ser calificado de neurótico. Tiene permiso para estar triste. Y yo estoy de acuerdo. Descubrí que hace ya cinco siglos, un valenciano llamado Joanot Martorell se había anticipado al gran descubrimiento de la psicoterapia  al hacer hablar así a uno de sus personajes, la Princesa Plaerdemavida, al dirigirse a su caballero, Tirant lo Blanc:

            “Os sucede así como al labrador cuando quiere segar el trigo, que siega la espiga vacía. Y no debéis clamar de vuestra fortuna, sino de vos mismo, pues no os ha forzado la fortuna a amar o a aborrecer, pues no es su oficio ni tiene señoría alguna en cosas que están en libertad de franco arbitrio. ¿Queréis saber lo que os ha forzado? Vuestro poco saber, que ha dejado a la razón para seguir a su desordenada voluntad. Riquezas, potencias y dignidades y cosas semejantes las da la fortuna, pero la elección de amar y de aborrecer, obrar bien o mal, querer o no querer, en el franco arbitrio está, y cada cual puede usar a su voluntad” (*)

            Por consiguiente, soy una neurótica, pero una neurótica razonable. Sufro por las cosas que me pasan  pero busco inmediatamente las explicaciones internas de mi presunta culpabilidad, y generalmente las encuentro. ¿Sirve eso para algo? Más o menos, pues es sorprendente la cantidad de veces que no puedo atribuirme a mí misma haber jugado mal la partida: en todo caso, la jugué bien, pero con dados falsos. Y allí puedo alegremente culparme otra vez ¿Por qué no fui más perspicaz para descubrirlos?  Por último, en algo hay que entretenerse en la vida, y este autoanálisis resulta bastante entretenido y lo aleja a uno de las tentaciones del asesinato o del suicidio.

            Descubrí también que en vez de desahogarme dando la lata a los psicoanalistas y además arruinándome con ellos, o dando la lata a las amistades y en consecuencia, perdiéndolas, era más fructífero desahogarse sobre  hojas de papel, en todos y cada uno de los momentos en que así lo necesitaba.

            Todas estas son las razones que explican la escritura de este libro, con el cual mato dos pájaros de un tiro: me desahogo y hago un bien a quienes lo lean enseñándoles mi método.

                                                           Montserrat Mira,  Barcelona, 1978

(*) “Tirant lo Blanc”, capítulo 298.

  

Andanzas y desventuras de una dama hispano-catalana-argentino-brasileña  a su regreso a los lares nativos.

I

             Érase una vez  una dama nacida en cuna noble,  no por sus blasones heráldicos y títulos heredados, pero sí por la elevada jerarquía moral, cultural artística y científica que imperaba en su familia. Trasladada por efectos de una guerra acaecida  en su patria cuando contaba tierna edad a tierras americanas, cumplió allí sus ciclos de  adolescencia, juventud y adultez, mas ya en los umbrales de la edad madura, sintiéndose sola y desencantada, concibió la inusitada idea  de reemprender una nueva vida en un nuevo ambiente: el de sus lejanos y olvidados terruños catalanes, que resurgían a veces en su memoria cual fugaces llamaradas, identificados con la belleza, paz y tranquilidad de espíritu, con la ingenuidad y apetencia de vida plena que son características de la infancia.

            Como nuestra dama era mujer de concretar rápidamente sus impulsos, no transcurrieron tres meses desde ellos que aterrizó en la capital castellana, acompañada de nueve maletas, su anciana madre, su anciana perra y su no tan anciana gata. Depositado que hubo a su anciana madre en manos y bajo los amorosos cuidados de una hermana que allí habitaba, llamada de ahora en adelante “La Pisciana Desgraciadísima”, dirigióse rápidamente hacia la ciudad de Barcelona, centro de sus ensueños, depósito de sus esperanzas, escenario donde iba a tener lugar el renacimiento anímico anhelado durante su vida en tierras americanas. Llegaba a ella despojada de todo lastre: atrás habían quedado sus bienes, su hijo, su nieto, sus amigos, sus amores. Llegaba, para hacer todo con su elevado sentido de la perfección absoluta, incluso despojada de dinero. Así no habría ninguna traba que dificultase su renacimiento.

            Pero en la vida siempre hay un detalle, un pequeño detalle que aparece travieso para trastornar los planes: llegó con su perra y su gata, sus más grandes y fieles amores,  de los cuales no había tenido valor suficiente para desprenderse,  pues los consideraba parte integrante de su persona.  Y ese pequeño detalle la perdió. Consciente de su deber, como siempre había sido, consciente de que había arrancado a esos dos pobres animalitos  de su hábitat natural sin consultarlos, tuvo que dedicar a ellos sus desvelos, sus energías y todos los instantes que le quedaban libres después de  limpiar  la casa y trabajar mañana y tarde en un  empleo que constituía su única y escasa fuente de sustento. Su soledad era inmensa: aterida de frío en un viejo, destartalado y desamueblado piso, usando por las noches a la gata como bufanda y a la perra como calienta-pies, comenzaron a surgir en ella los punzantes recuerdos de  comodidades de otrora, de amistades de otrora,  de cariños y amores que había cortado voluntariamente  para siempre al cruzar el Atlántico.

            Encontrose, por otra parte,  con que había caído en tierra donde los extranjeros no son admitidos en el afecto de los nativos: son admitidos apenas algunos de ellos en el plano jurídico, que les concede el derecho a transitar por las calles y buscar ansiosamente a coterráneos de origen. El clan catalán estaba fortificado en las murallas de sus hogares y los extranjeros, especialmente  los sudamericanos, no eran admitidos en ellos.

            En su empleo debía efectuar tareas simples, inútiles, descoordinadas y a veces humillantes, rodeada de gente en su mayor parte amargada y agresiva.  De todos los afectos dejados en tierras americanas en cuya continuidad epistolar confiaba, muy pocos fueron los que perduraron, habiéndola borrado ya, con su partida, de su existencia. La dama llamada de ahora en adelante Pandora, alcanzó así , dadas sus tendencias masoquistas subconscientes, la apoteosis de su alegría en dicha esfera de la complicada psique humana, pero en la vulgar esfera del Yo consciente alcanzó los más estrepitosos extremos de pena y dolor.

            Un breve relámpago de felicidad significó para ella el arribo de su más fiel amigo y amante – de ahora en  adelante Atanor – quien sólo pudo ofrecerle su compañía y apoyo  durante un breve mes, tornando después  a la lejana e inaccesible América.. Sin embargo, a partir de entonces la soledad ya no fue tan penosa, confortada por  la promesa de  su  rápido y definitivo retorno y alimentada por las encendidas palabras de amor que le enviaba incansablemente a través de continuadas cartas.

Poseedora como era de notables condiciones artísticas, trató de volcar en sus pinturas sus estados de ánimo y confortarse con la frecuentación de las elevadas regiones del arte, confiada en que se cumplirían en su caso las hipótesis de Freud sobre el carácter benéfico de éste como sublimación de otras frustraciones. Pero en realidad, quien sabe si porque eran tan escasos  los momentos que podía dedicar a esa expansión anímica, quien sabe si porque las frustraciones eran de tal tonelaje  que no había actividad artística que pudiera equilibrar su peso en la balanza, el deleite espiritual obtenido fue apenas un minúsculo paliativo ante la carga de desazones que atormentaban su alma.

De pronto un ángel irrumpió en su vida, a través de la figura de una joven sobrina – Coral, de ahora en adelante, Coraliusina -  que, habiendo sido objeto de su protección otrora vino a alegrar su soledad y a compartir sus trabajos y problemas ; durante ocho meses gozó de esa compañía, frente a la cual  perdía importancia el descalabro de sus magros ingresos, con los cuales debían alimentarse cuatro bocas. La felicidad venía complementada, por otra parte,  con la ansiada posesión de una bañera, un balconcito y un adecuado sistema de calefacción , que le permitió soportar los rigores de su segundo invierno en tierras catalanas con menor sufrimiento.

En los inicios de 1979 la vida parecía, pues, volverle a sonreir. Fue, para colmo de perfecciones, trasladada a otro trabajo que le resultaba mas satisfactorio y agradable, e incluso llego a encontrar a un reducidísimo grupo de personajes del clan catalán que, misteriosamente,, se conducían como seres normales en las relaciones amistosas, despreciando valientemente el estigma de su roce e impregnación sudamericana. 

 Acercábase cada día más el momento en que su fiel amigo y sólido apoyo iba a reunirse con ella para completar su dicha. Y en el momento en que todos estos elementos se conjugaban para lograr el escenario perfecto desde el cual podía surgir una pòderosa y permanente felicidad, las piezas se empezaron a derrumbar una tras otra, para recordar a la dama los variantes juegos del destino.

 Su hermana  Pilar, residente en Madrid - la Pisciana Desgraciadísima -  manifestóse agotada de cuidar a la anciana y débil madre,( a quien nos referiremos de ahora en adelante con el nombre de Pila-Pila) considerándose cumplida con un año de servicio, y se la devolvió a   Pandora.. . La hermosa y dulce sobrina que como símbolo  de que en esta vida existe el cariño y el agradecimiento, compartía con ella su existencia,  no se sintió capaz de llegar tan lejos como para compartir los trabajos y preocupaciones que implicaba la presencia de la anciana y desapareció rauda y graciosamente de escena.  El fiel y esperado amigo no vino y en su lugar apareció  el Fantasma Maléfico  que había perturbado la vida de nuestra desventurada desde los tiempos de su juventud, bajo la forma de un viaje destructivo-relámpago de  Emilia, su otra hermana, residente habitualmente, por suerte, en el extranjero.

Antes de ello, la anciana madre cumplió a fondo su papel de crear problemas  y requerir cuidados al caerse sin hacer nada y romperse el cuello del fémur, lo que exigido su urgente hospitalización e intervención quirúrgica. Pandora viose asi, de golpe sometida a un trabajo físico y a unos tormentos morales y afectivos más agudos que nunca, abrumada por la responsabilidad  que sobre sus hombros habia caído  de atender a la pobre anciana hospitalizada ella sola, trabajando todo el día en su empleo y sin dinero. El Fantasma Maléfico cayó sobre ella para reprocharle todos sus actos, destruir sus acciones,  humillarla, deprimirla  y, lo que es peor, decidió por su cuenta internar a Pila Pila en una nefasta clínica llamada La Rotonda,  en la parte alta de la ciudad, especializada en geriatría, donde se limitaban a conservar a los allí internados hasta que se murieran.

Pero el péndulo que orienta su vida hacia los polos alternativos de la desgracia y la felicidad, con una lamentable tendencia a permanecer en el primero, alguna  vez retomará su movimiento, y mientras tanto Pandora sigue  agradeciendo a los hados la persistencia de su bañera, su balconcito y su calefacción, sus escasas pero buenas amistades y la posibilidad del arribo de su fiel amigo. Y para añadir un elemento nuevo y positivo de felicidad en su vida a bajo costo, ha gastado 600 pesetas en comprarse un conejito blanco que absorbe parte de su excesiva, creciente e inactiva necesidad de ternura.

FIN TRANSITORIO  DEL RELATO – A LOS 16 MESES DEL REGRESO A LOS LARES NATIVOS, O SEA, AL 13 DE ABRIL DE 1979.

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 DOS DE MAYO:

            El conejito se murió. De golpe, en dos minutos. Tuvo tres convulsiones, dio tres grititos y se quedó tieso. Diagnóstico: posible muerte por obstrucción intestinal, pues su voracidad le llevó a alimentarse durante  toda la noche de los hilos de nylon que conformaban la colcha del lecho de  nuestra protagonista

            Con el corazón deshecho, ésta procedido a su entierro en un macetero adquirido especialmente para tal fin, donde reposa en el pequeño balconcito, la tierra cubierta por alegres plantas y flores, la cabeza protegida por un tenue papel de seda para que el humus no penetre en sus ojitos rojo-rosados, que conservó abiertos.

            Las visitas diarias a la anciana madre resultan cada vez más desgarradoras, al encontrarla atada con sábanas a una silla, para que no se caiga, cada vez más delgada, con la cabeza más doblada, más incoherente en sus expresiones y más recurrente en sus alucinaciones. Las perspectivas de poder pagar el alquiler son inciertas; sus hermanas continúan dándole pruebas de `permanente enemistad, la una con su silencio e indiferencia ante sus desventuras, la otra con sus continuas cartas molestas y entrometidas.. En tan dispares conductas hay un solo elemento mantenido firmemente en común: la decisión de no soltar ni una peseta para ayudar a paliar la situación de la anciana. En este momento, Pandora dedica  sus energías y preocupaciones a tratar de conseguirle una silla de ruedas,  como tenía en el Hospital San Pablo donde la operaron,  donde pueda hacer sus necesidades sin tener que estar, como ahora, permanentemente sondada

            La actitud sólida y comunitaria de sus hermanas en el aspecto de “borrarse” de su ayuda es compartida con fervor por el hijo de  la dama quien, habiendo quedado allende los mares habitando un piso amueblado propiedad de ésta, ha respondido a sus invocaciones enviando siete moneditas de oro de las cuales dos resultaron rechazadas por los adquirentes especialistas, y cuyo importe ha representado el equivalente al de un mes de alquiler de nuestra desventurada.

THE END POR HOY. A VER SI CUANDO RETOMAMOS EL RELATO SE HA MOVIDO EL PÉNDULO.

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17 DE MAYO DE 1979 – ÚLTIMAS NOTICIAS.

            Me cansé del estilo cervantino. Voy a seguir escribiendo a mi manera. Conseguí comprar la silla con  dinero obtenido pidiendo adelanto sobre mis derechos de autor a la Editorial Juventud por la edición de “Mi vida con Coral”, que se publicará en junio.  Como consecuencia de las rabietas de mi fase anterior se me ha dislocado la presión ( de 13/7 que tenía siempre he pasado a   14/9). Desde la semana pasada he cambiado mis visitas diarias a la clínica, pues ya no daba más: ahora me alterno, día si y día no con Aurora, - de ahora en adelante Aurogalia -  la chica gallega que tomé para cuidar a mamá cuando estaba en casa, y mi prima María Rosa ( a quien en este relato me referiré como la Princesa Rosaura) colabora con un día fijo semanal. Yo hago martes, jueves, sábados y domingos.

            Bueno, esto me deja libre los lunes, miércoles y viernes para ocuparme de mis cosas. Llevé un artículo mío a ”La Vanguardia” y estoy visitando editoriales para conseguir la republicación  de los dos libros que yo tenía editados en la Argentina, y la publicación por primera vez de una gramática y vocabulario elemental para gente que viaje como turista al Brasil

            También estoy pensando en alquilar por lo menos una habitación . Tuve que pedir un préstamo a mi banco, que me ha sido teóricamente concedido ( solo que veré el dinero dentro de algunas semanas)  porque se me ha confirmado una exposición para la segunda quincena de junio en Cadaqués. . Gran alegría, pero el problema de tener que enmarcar veinte cuadros  me llevó a tener que pedir el préstamo. Han quedado muy bonitos y pronto los llevaré y trataré con el dueño del local los asuntos relativos a catálogos y propaganda

Otra noticia: me tocó la lotería, por primera vez en mi vida, 2.200 pesetas. No es una fortuna, pero levanta el ánimo.

Reapareció Coral: me vino a visitar una tarde a casa , muy cariñosa, y ya ha efectuado espontáneamente dos visitas a mamá en la clínica.

Hablé con la médica: no es que no le hagan fisioterapia porque ella se rehusa; en realidad quien se rehúsa es la fisioterapista, pues parece ser que mamá una vez llegó a tirarle de los pelos o a pegarla. He sugerido la posibilidad de que tratemos de hacérsela cuando esté yo, que quizás pueda tener algo de influencia sobre mamá, poniéndome bajo las órdenes de la fisioterapista y tratando de mantenerla calmada mientras se la hace. Esto me puede significar tener que volver a ir todos los días. Mejor no pienso, por el momento.

Bueno, por lo menos estas últimas noticias son “fifty-ffty”. Se ve que el péndulo no se ha decidido todavía a arrancar firmemente.

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28 DE MAYO

            A nuestra dama siempre le pasaban cosas, como se habrá observado.  En la clínica resolvieron el problema del antagonismo entre la fisioterapista y su madre de una manera inteligentísima; substituyeron a la primera por una bolsita de  arena que ataron tiernamente al tobillo de la anciana para obligarla a tener, día y noche, la pierna estirada; y como la compra de la silla había solucionado el problema de  la orina de día, pero no de noche, y en el presupuesto del establecimiento no estaba prevista la posibilidad  de que hubiera enfermos incapaces de esperar la media hora que transcurre  habitualmente entre que se llama a una enfermera  y ésta aparece y, por lo tanto, tenían pocas sábanas, tomaron partido a favor de las sábanas y en contra de la paciente, y la volvieron a sondar.

            Nuestra protagonista consideró que la clínica tenía derecho a proteger a sus fisioterapistas y a sus  sábanas, pero que ella también tenía  derecho a proteger a su madre. Y corrió esperanzada a visitar el lugar propuesto por su hermana para trasladarla, decidida a acelerar el proceso  en cuanto fuera posible. Después de visitarlo y escaparse asustada ante la  visión infernal que se presentó ante sus ojos, y ante los ruegos de la religiosa encargada de la sala  -“Si usted quiere algo a su madre, no las traiga aquí. Todos los viejecitos que nos traen se mueren a los pocos días de tristeza”., tomó una decisión: reintegraría a la pobre anciana a su hogar , proporcionándole así un término de vida  rodeado de cuidados y cariños filiales.

            Su decisión fue aplaudida por las personas sensatas y de alma noble   interesadas en el caso, incluyendo al propio cirujano  autor de la operación, , pero un grave peligro amenazaba su puesta en práctica: el Fantasma Maléfico, al que la distancia de un hemisferio no arredaba  en su inquebrantable decisión de  de perturbar la vida, y escribía incesantes cartas a sus agentes secretos  en Barcelona con instrucciones de actuar sobre el caso en su representación y por su cuenta, desconociendo y contrariando las necesidades y conveniencias de la zarandeada anciana.  Simultáneamente, y en acto de suprema hipocresía, el Fantasma Maléfico inundaba a la dama de misivas cariñosas, interesada en su bienestar y en su salud, al tiempo que anunciaba su propósito de regresar, para consumar en persona sus malvados planes de enviar al cementerio a nuestra protagonista, por subida de presión o por ataque cardíaco y encerrar a la pobre viejecita en el lugar infernal descrito.

            Pero Nuestro Señor nunca abandona totalmente  y nos proporciona siempre algunos elementos para sostenernos y defendernos: en este caso, el Ángel Guardián se había encarnado en la figura del noble caballero que había consagrado su amor y vida a la dama, y a quien no detenía la distancia para protegerla y defenderla: la técnica moderna del télex  favorecía su intención, permitiéndole enviar a ésta la ayuda económica necesaria para salvar a su madre. Y desde la lejana América continuaba también enviándole  sus tiernas misivas de comprensión y apoyo, amén de manifestárselo directamente co n su voz a través del teléfono todos los domingos. Las escasas pero fieles y sólidas amistades de la dama contribuían también en su medida a fortificar su apoyo, que le permitía resistir la interminable batalla..

            Otra lucecita se vislumbraba también en su horizonte: la perspectiva de una segunda exposición de su obra en octubre, en Barcelona. Pus si bien ella se sentía muy grata hacia su caballero, hubiera preferido atender la situación con el producto de su propio trabajo, tal como había hecho siempre con sus familiares y amigos durante su vida en tierras americanas.

            El periodista de “La Vanguardia” comunicóle no solo su aprobación, sino su entusiasmo ante la calidad del artículo presentado para eventual publicación; manifestóle apenas sus dudas sobre el criterio de la Subdirección, de cuya aprobación dependía. Pues la defensa de la democracia puede ser aceptada en teoría pero no agradar cuando hecha en términos contundentes y realistas a un diario tradicional y conservador.

            ¿Cuándo llegará el caballero? ¿Cuándo se desvanecerá el Fantasma Maléfico? ¿Qué pasará con Pila-Pila?  Continuación en el próximo número.

 

II 

 

El regreso de Pila-Pila.  La tuberculosis y los éxitos artísticos.

8 DE JUNIO

            Ayer me preguntaron cuanto tiempo hacía que había llegado a España, después de mirar una fotografía mía sacada días antes de mi partida. No me extraña. La gente que la ve piensa que fue tomada muchos años atrás, y solo hace uno y medio. Me apresure a anticipar los pensamientos: “Cómo he envejecido, no?”. La respuesta, fina y galante fue:  “No es que hayas envejecido, es que se notan ahora muchas huellas de sufrimiento en tu rostro”. Pero la verdad es que he envejecido.  Empiezo a poner seriamente en duda mi sex-appeal, enteramente vigente hasta el momento de mi partida. Pero no hay que ponerse dramáticos. Prosigamos.

            Presionada por las circunstancias, la dama, cuyo nombre habíamos omitido  al inicio de este relato por creer que iba a ser corto, pero que ahora establecemos como siendo el de Pandora. Decidió vender el único bien que le quedaba  su departamento en Buenos Aires.  Envió, con ese motivo, la debida autorización legal. El costo previo fue fuerte: una breve carta a su hijo  (que en él habitaba) comunicándole su decisión.

            Cuando estudiaba Economía en la Universidad, en los lejanos tiempos de su juventud, le habían enseñado que, en última instancia, la Economía es la ciencia de la elección; si se elige una cosa hay que sacrificar otra. Cierto: se elige a la madre y se sacrifica al hijo. La disculpa moral: el daño a infligir es menor en el caso del hijo.

            Trataba de olvidar todo leyendo concienzudamente  “De Rerum Natura” de Lucrecio. Subrayaba, como en sus tiempos de estudiante,  los párrafos con ideas claves  y gozaba realmente como siempre gozó ante las exposiciones de pensamiento claras y profundas, atrevidas y poéticas.

            “No, no se aniquila todo lo que parece morir, ya que la Naturaleza renueva unos seres con la substancia de otros, y no sufre que cosa alguna se engendre sino ayudada por una muerte ajena”.

            “Propiedad es aquello que jamás puede separarse del ser sin acarrear su ruina; como el peso lo es de las peñas, del fuego el calor, del agua la humedad, de la materia el tacto, del vacío el ser intangible. En cambio esclavitud, pobreza, riquezas, libertad, guerra, paz y todo lo demás cuya presencia o ausencia deja incólume la sustancia  de un ser, solemos llamarlo, con término justo., accidente”

            ¿Cuál será mi propiedad? . se preguntaba Pandora. Bueno, Lucrecio era epicúreo   ( siglo I a.J.C) , lo que no le impidió suicidarse a los 43 años de edad.  “Su fin habría sido así un trágico ejemplo de aquel odio a la vida que , como dice el mismo poeta,  es un producto del temor a perderla” comenta en la introducción el traductor.

            Pero sigamos con la historia. Me asalta la sospecha de que se está volviendo demasiado quejumbrosa , lo cual es la apoteosis de la inelegancia,

            El entorno familiar de la dama se ha ampliado últimamente  con la presencia de un joven auto-desterrado del exótico Brasil.  Al igual que ella, trató de destruir de golpe una situación afectiva  excesivamente insoportable,  no solo poniendo un océano de por medio, sino abandonando allí también sus bienes, su posición, su familia, su prestigio ya adquirido como pintor, para iniciar su renacimiento mediterráneo  en estado de pureza absoluta y anestesiar  por medio de la lucha por la vida los recuerdos allí dejados. Su éxito en ese sentido ha sido inmediato:  por las mañanas puede agotarse lavando los platos sucios de un restaurante  y por las tardes interrumpir sus escritos y ensoñaciones  alzando en sus brazos a la anciana inválida y delirante  para transportarla del sofá a la silla de ruedas, y de la silla de ruedas al sofá. En otros momentos, a pesar de ignorar el idioma castellano, escucha con profunda atención las incoherencias de la enferma  y si bien sus respuestas no son tampoco comprendidas por ésta, intuye el respeto y el cariño en su tono de voz, ys e pone contentísima.

            El nuevo personaje, a quien llamaremos Alfonsus,  ha trocado así el ambiente intelectual y artístico de Sao Paulo por la compañía de una vieja demente, una dama atormentada, una joven campesina gallega en proceso de adaptación a la ciudad, y una perra y una gata. ¡Extraño grupo el que se forma los atardeceres frente al televisor en la casa de Pandora!

            Esta se siguió ilustrando y leyó a Hesse: “La verdadera sabiduría y las verdaderas posibilidades de liberación no pueden aprenderse ni enseñarse: son únicamente para aquellos que están a punto de ahogarse”. Bueno, menos mal, si así era tenía muchas chances pues el préstamo del Banco seguía sin salir.

11 DE JUNIO 

        Pandora  entró de vacaciones. Dada su exhuberancia económica  las gozó yendo a la playa del Paseo Marítimo se la ciudad donde, después de atravesar tres metros iniciales de basura en la orilla, se puede encontrar agua mediterránea para nadar.

            El ángel huido – Coraliusina – reapareció con mayor frecuencia. No se quejaba, pero se intuía que no estaba bien; no solo porque pasase hambre crónica, debido al régimen exclusivo de lechuga impuesto pòr la hermana con quien vivía, sino porque había retornado a la vida solitaria y desordenada de otrora.

            En vez de las ansiadas cartas del caballero, Pandora encontraba en el buzón jeroglíficos bancarios supuestamente informativos de su robusto saldo negativo, que ella acumulaba con el cuidadoso respeto que imponía su misterio en el cajón de la mesa de choche destinado a tal efecto.

            ¡Oh, caballero, caballero!  ¿No ves que esto se está poniendo monótono? ¿Estaría acaso disminuyendo su amor por causa de las cobardes misivas que le eran enviadas por la hermana de Madrid, intentando denigrar a Pandora ante sus ojos?

            Si así fuera, oh, cruel destino. ¿Acaso no era suficiente la existencia de un Fantasma Maléfico en la vida de Pandora? ¿era necesario aumentarlo a dos? ¿Qué  sería de ella y de Pila-Pila, la pobre anciana demente, sin el sostén de Atanor (pues tal era el nombre del caballero)?

19 DE JUNIO

            Se acabó la monotonía. En los dispersos elementos hasta aquí expuestos, el  Escenógrafo Supremo supo introducir  lo necesario para elevar la vida de Pandora  hacia las cumbres de la más hermosa, perfecta y envidiable tragedia, (ya que tiene que haber tragedia, que sea grande y hermosa, no pequeña y vulgar). Bueno, ya adivino que los lectores se impacientan ante mis excesivas disquisiciones y quieren ir al grano. ¿Qué pasó, qué paso?  Paciencia. Sufran., Aguanten. Suspense, merece la pena.

            Esta bien, ahí va!

            Súbitamente, de la r boca de Pandora empezó a surgir intermitentemente sangre de un rojo oscurísimo. Pandora se dijo: llegó la señal. Adiós al cigarrillo para siempre, adiós a mi único y fiel compañero!”. Y lloró amargamente aquella noche, entre derrames sanguíneos, el fin de su amado. Al día siguiente, la boca de nuestra heroína  seguía transformada en manantial de hermosas perlas rojas, lo que la motivó a dirigirse a un hospital de donde logró escapar horas después firmando su responsabilidad ante las consecuencias que podrían derivar ante tan insólita actitud. Frustró así a un grupo de galenos que pretendían retenerla para estudiar y tratar dos grandes agujeros descubiertos   por ellos en la radiografía en su pulmon izquierdo, uno de los cuales, reventado, sería la fuente del manantial sanguíneo.

            Pandora pudo  recobrar su libertad firmando además un compromiso de deuda de 11.500 pesetas a ser  cancelado antes de un mes, símbolo inicial de lo que le esperaba en materia de gastos por su romántica enfermedad.

            Corrió del hospital a la casa del pintor a quien admiraba y cuya entrevista no hubiera querido perder por nada del mundo, es decir, corrió del cuerpo al espíritu, de la realidad material al arte. Después regresó a su hogar. Triste, desalentada, mareada, débil, acentuada su sensación de cansancio, pensando en el aspecto tentador de la idea de entregarse al hospital. Transformarse en un objeto, tal como lo había sido ese día arriba de la camilla, un objeto sin pensamiento, sin voluntad, recipiente y pasivo.

            Esto es “the begining of the end”, pensó Pandora. mientras se metía en su habitación con sus dos fieles bichitos, para no amargar a los otros habitantes de la casa con su malhumor.

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Del diario de Pandora:

25 DE JUNIO

            Día importante, importantísimo. Hoy me interno en el hospital bajo el bello diagnóstico de hemoptisis.

            A las 9 de la mañana he ido a buscar el dinero enviado por Atanor. Corrida para pagar el alquiler. Otra corrida para iniciar la admisión en el Seguro Social. En el intermedio, alegría:  Salvatus sum, salvatus sum, gratia (¿vocativo?) Atanoris (¿Dativo?)

            (corregir esto antes de que mi amado, latinista eximio, lo vea)

            El  Seguro Social. entrará en acción el 1º de agosto; no era “the begining of the end”,e ra un paso más  dentro de una vida de angustias y altibajos . El cielo era azul, el sol, radiante.  Yo trotaba y saltaba por las calles cantando “Dios bendiga a Atanor” con la música de “For he’s a jolly good fellow”. Llegué “at home”. Esparcí regalos: una pareja de muñecos y un abanico chino para la mamá, una batita alegre y preciosa, con aire español, para las levantadas matinales de la joven Aurogalia, una bolsa hindú para el místico  Alfocelsus y tremenda cantidad de galletas y bizcochos para el Canis Vulgaris Dioritus Histéricus Selváticus.

            El único que se quedó sin regalo fue el Felix Eurpeus Comunis pero el pibre, total, está siempre tan “out” de todo!   Bueno: emoción, euforia, íbamos a salir adelante, no acabaríamos expulsados del hogar con los muebles apiñados  frente a la portería en mitad del Paseo San Juan y los vecinos mirándonos. Albricias. Yo me internaba a las 3.  Acumularía alegremente la deuda  y el 1º de agosto tendría una noble institución hispánica  que me protegería y defendería, ayudando así al posiblemente exhausto Atanor.

            Prosigue el relato:

            Como puede observarse por el fragmento  de diario de Pandora, ésta estaba radiante de felicidad. Iba, por fin, a descansar unos días, dejando un hogar estructurado y defendido por la fiel y eficiente Aurogalia y el bondadoso Alfocelsus.

            Para culminar su alegría y concretar  una despedida familiar antes de la separación, decidió que irían todos ( menos los mamíferos peludos) a celebrar en humilde ágape externo los acontecimientos producidos.

            La alegría de Pandora habíase infiltrado en todo el ambiente: la anciana madre se aderezaba ya con collares en su silla de ruedas, cuando Pandora descendió un momento para comprar un cuaderno en la esquina. Y al subir…..

EL DRAMA – (¡Por qué la felicidad le dura tan poco a Pandora?)

            Aurogalia informó que el Fantasma Maléfico había arribado en inexorable vuelo y se aprestaba a tocar el timbre del portero automático en breves minutos.

            Pandora entró en desfallecimiento total, y huyó con Alfocelsus al lugar convenido de la cita, mientras la valerosa Aurogalia quedaba encargada de enfrentar al Fantasma y aplacarlo momentáneamente entregándole en préstamo a la inocente anciana, que jugaba feliz con sus muñecas,  ignorante del cambio que se iba a producir en su hasta ahora apacible vida.

            El ágape fue así celebrado entre  Pandora, Alfocelsus y Aurogalia. Tras múltiples recomendaciones y triste pero serena despedida, la primer se encaminó hacia donde su hemoptisis lo exigía, es decir, al hospital, alimentándose con el resto de alegría que  le quedó después  de que la llegada del Fantasma Maléfico impidiera  incluir a la anciana Pîla-Pîla en la despedida del hogar.

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Del diario de Pandora:

27  DE JUNIO

¡Qué suerte! Mi habitación tiene ventana y todo el frente del edificio está con árboles preciosos- que, como siempre, no tengo ni idea de qué clase pueden ser. El tronco es delgado, pero el árbol es alto y con buen follaje. Lo preguntaré, Bueno, esto calma mi ansiedad de bosque , tanto más cuanto que me dejan salir!  Es decir, no a mi sola, a todos. Aunque sea saber que una pude pasear por este trocito de enfrente, en medio de los árboles, ya da una sensación de libertad increíble.

Si me hubieran puesto en una habitación interna con luz artificial habría sido desdichadísima.

Ya tengo radio, y hoy me trajeron el televisor. Ya me vinieron a ver ayer, en mi primer día, por la mañana Aurogalia y por la tarde Coraliusina y Edudu, “El alma del PSOE”.

Estuvimos charlando sentados casi  en el suelo del  bosque, pues mi habitación estaba inundada por millones de parientes de la otra internada, una señora de 80 años con un tumor en la garganta ( no lo sabe) muy buena y tranquila.

            Claro que la primicia de las visitas la había tenido mi prima, la Princesa Rosaura, la misma tarde de la internación, trayéndome la buena nueva de que había acudido presta a enfrentar al Fantasma Maléfico para exigirle la promesa de que me dejara en paz.

            La Princesa Rosaura, como es noble y leal, ha quedado muy tranquila con esa promesa pero yo, que conozco a mi hermana, no lo estoy tanto.  ¡Ah! Me he dado cuenta de que los árboles son  pinos.”

            En este diario,   Pandora que, como se habrá observado, era medio distraidilla, omitió consignar que  Coraliusina le había transmitido un mensaje de su madre – la hermana de Pandora residente en Madrid y conocida como la Pisciana Desgraciadísima.  Mensaje de amor fraterno súbitamente nacido por obra y gracia de la hemoptisis.

            La noticia hizo brotar lágrimas en el rostro de Pandora, quien jamás  habría sospechado que su hermana la amara tanto como para anunciar que vendría a Barcelona en un momento en que no la necesitaba para nada, mientras había resistido estóica e impasible a sus pedidos de auxilio e invocaciones de ayuda cuando la necesitaba desesperadamente.

            El destino juguetón  ya alteró, otra vez, la vida de la dama. La pobre ni siquiera sabe ya interpretar el péndulo, está desnorteada; había hecho tantos esfuerzos internos para asumir con entereza y firmeza moral el profundo golpe que significaba el diagnóstico, se había preparado ya tanto a la idea de su aislamiento físico y espiritual del mundanal ruido, que había llegado a convencerse de que la enfermedad constituía el mejor regalo que podía recibir para templar y ennoblecer su espíritu y elevarlo, triunfante, sobre las miserias del mundo y de la carne ( etc. etc.)

            ¡Apa, y de repente, vuelta a todo del revés. Las placas de la radiografía estaban malas o fueron mal sacadas. Nuevas placas y torturantes pruebas llevaron a los galenos a la conclusión de que Pandora tenía los pulmones realmente rozagantes, eso sí (para quedar bien)  “con gran propensión a la tuberculosis” por lo cual le recomendaron  unas pastillitas preventivas.

            Dada la tendencia de Pandora por interpretar positivamente cualquier cosa que le pasara, la  pobre reestructuró todo otra vez y se dijo a sí misma: realmente no habría podido sucederme nada mejor: el resultado concreto de todo esto es que dejaré el tabaco, con los consabidos beneficios para mi posible longevidad ; y la equivocación de los médicos es un mensaje del Destino para que aprecie más la libertad y la salud corporal que me devuelven  sorpresivamente.

            Y se dedicó a completar los detalles de su nueva interpretación de  su vida; ya que el lema del momento era cuidar su salud, cuidaría también los otros detalles concernientes a su aspecto físico, tan abandonados desde su arribo a los Países Catalanes: fue a la peluquería, y hasta pasó por su mente la idea de salvarse los dientes próximos a caer por la profundidad de las caries que se habían ensañado con ellos desde entonces.

            El retorno al hogar después del nuevo diagnóstico la enfrentó con el problema de rehuir al Fantasma Maléfico sin parecer que lo temía. De cualquier manera, tuvo que empezar a entrar y salir de su propia casa en horas condicionadas por el Fantasma quien, a su vez, había quedado condicionado para retirar y devolver a Pila-Pila. La situación  se coordinaba por el arbitraje telefónico de Aurogalia:   “Si, usted puede venir, la señora Pandora ya ha salido y regresará después de las cinco, por si usted quiere quedarse hasta esa hora”, “Señora Pandora, la Sra. F.M. ha telefoneado que vendrá a buscar a la Señora Pila-Pila a las 12.30, yo se la bajaré a la portería.  “Sí, Sra. Pandora, puede usted subir. La Sra. F.M. se ha retirado”. Un poco molesto para todos, pero qué se le va a hacer!

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Del diario de Pandora:

5 DE JULIO

            “Aquí estoy, a las 8.30 de la ,mañana, segunda ( maldito aquel hombre que allí veo, literariamente hubiera quedad mejor decir “primera”) visitante de la hermosa playa de Rosas. Final de una de mis constantes e intensas aventuras, de la cual  intento reponerme a través del ineludible aburrimiento que implica veranear absolutamente sola en un hotel.

            ¡From where shall we beguin?

            Ah, claro! Por los antecedentes que condujeron a este final. El antecedente remoto fue un consejo de mi prima, la Princesa Rosaura: “Te conviene descansar unos días para olvidar todo lo que has pasado,  antes de recomenzar a trabajar. ¿Por qué no te vas a Cadaqués y de paso que descansas  controlas  personalmente  tu exposición? Porque omití explicar que dos días antes de la internación en el hospital, con orden médica de guardar cama y en pleno florecimiento hemoptístico, había estado desempaquetando cuadros, clavando clavos y poniendo febrilmente números sobre los marcos de un hermoso local nocturno de Cadaqués donde, tras complicadas tentativas y con la mediación del Fantasma Maléfico se me había ofrecido la oportunidad de exponer 20 cuadros durante 20 días, que quedaron colgados ese día y desde entones no había vuelto a saber  nada. Así, tras anunciar indirectamente mi llegada a través de un amigo de los dueños del local, una mañana tomé el tren  rumbo a Figueres acompañada por mi amiga Tanya. Instaladas ya en un hotel de Cadaqués, llamé desde allí a un primo mío  desconocido, que regentaba el mejor hotel  de la zona,  y lo invite a encontrarme junto con su esposa en “El Barroco” – tal era el nombre del local donde yo exponía- para conocer mis cuadros.

            A eso de las 10 de la noche, Tanya y yo nos dirigimos allí, lo mejor arregladas posible y contentísimas. Iba yo por fin a ver tranquila desde mi llegada a España toda mi obra aquí producida a través de un año y medio de sinsabores, colgando alegre y brillante de las blancas paredes encaladas, mis colores sabiamente  distribuidos entre los patios, arcos y bóvedas del singular “Barroco” viejo molino productor de aceite de oliva del cual habían conservado los actuales dueños, como aspecto pintoresco y decorativo, las elementales máquinas usadas.

            Entramos y….¡no estaban!  ¡Mis cuadros no estaban! En su lugar habían algunas cosas geométricas en azul oscuro que luego entendí tratarse de otros cuadros de algún pintor hacia el cual los dueños del lugar tenían algún tipo de compromiso que los llevó a romper lo  pactado conmigo.

            Avanzó  entonces hacia mí uno de los dos jóvenes playboys romanos dueños del local y me dijo con un cinismo insuperable “Ya se los acabo de descolgar bien rápido, ya se los puede llevar, porque usted viene a llevárselos verdad que sí?  ( yo había telefoneado avisado que iría para ver como andaba la exposición, imaginándome incluso cuadros vendidos). Le contesté: “Míreme fijo a los ojos y repita lo que acaba de decir”  Y comencé a mirarlo yo fijamente,

            “¿Pero qué es esto? ¿Por qué hay que mirarse a los ojos?  Yo creía que usted se los quería llevar. Ya los he tenido colgados lo suficiente y no se ha vendido nada, entonces yo interpreté que sii usted avisaba que venía sería para llevárselos. Y no haga escenas, por favor, porque bastantes dolores de cabeza me da ya este maldito local como para tener más por culpa de sus cuadros. Yo ya le dije a usted que esto no es una galería de arte, no me mire así. Siéntese, cálmese, pero por favor no haga escenas, yo estoy muy ocupado, ve?” y dibujando de golpe una hipócrita sonrisa en su rostro se adelantó para recibir unos clientes.

            Cuando regresó, Tanya habló: concisa e implacablemente le trazó la historia de lo que esta exposición había significado para mí bajo todos los aspectos, incluso el endeudamiento a que había llegado para realizarla. Le recordó que normalmente no se quiebra un pacto tratado e incluso escrito sin conocimiento de una de las partes. En ese momento aparecido mi primo con su mujer. Yo seguía inmóvil, mirando fijo al joven romano quien, bastante nervioso por toda la situación, se puso a repetir que había tratado muy bien a mis cuadros y los tenía muy bien protegidos. Y condujo al recién formado grupo a un rincón del local donde, entremedio de sacos de patatas y cebollas, apelotonados de cualquier manera, sin una simple protección intermedia, dentro de grandes bolsas de plástico, estaban mis veinte mejores obras, con sus flamantes marcos de casi 2.000 pesetas por unidad, entrechocándose, golpeándose y pelándose amistosa. Mi primo, su mujer y Tanya contaron los 20. Yo solo había abierto la boca para pedir mi álbum de antecedentes. Atravesamos todos en silenciosa procesión el local hasta la camioneta rural de mi primo quien, se había  ofrecido a llevar los cuadros a su hotel y guardarlos allí hasta que los retirara alguien por mi autorizado. Y en medio del llanto que por fin en ese momento conseguí hacer estallar en mí, le expresé mi agradecimiento y nos despedimos”

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            Por lo que se ha leído del fragmento anterior del Diario de Pandora se deduce que, por lo menos, lo sucedido sirvió para que ella  tuviera que parar de contar a todo el mundo ( que ya estaba harto de escucharla)  “Pero esta exposición me salvará” . Había invertido además de sus esperanzas casi 50.000 pesetas en  material y viajes para poder exhibir 20 días una producción  valorada artísticamente en casi medio millón de pesetas. Y, posiblemente, esos cuadros habían sido descolgados al día siguiente o todo lo más a los dos días de iniciada, confiantes los dueños del local en que Pandora no se enteraría desde Barcelona.

            Tanya regreso a la ciudad y dejó a Pandora en un hotel de Rosas, a donde llegaron viajando a dedo a primera hora de la mañana siguiente del drama, porque Pandora  no quería permanecer más en esa Cadaqués que tanto la había defraudado y solo había autobús a las cinco de la tarde.

            Así Pandora empezó su solitaria vida de playa y caminatas, con el objeto de recomponer su sistema nervioso y ponerlo en condiciones de afrontar los próximos disgustos que se avecinarían.

Reflexiones de Pandora

            “Claro, al despedirme de Tanya, que me dijo en broma “Te deseo que encuentres un millonario” yo le respondí “No busco millonarios, ya no me importan, lo único que me importa es el sol. Desea que haga sol”. Y hoy está nubladísimo y hace un frío que pela. A la playa se han ido acercando, sin embargo,  otros obstinados, entre ellos un señor francés que se ha pasado una hora tirando la pelota a su hijo a pocos metros míos, con lo que ha conseguido finalmente que me cayera encima y me tuviera que trasladar silenciosamente a otro lugar.

            Estoy aquí recordando la última vez que estuve sentada así en la arena de una playa, en Punta Arenas. Solo que allí iba vestida, pues el frío era directamente pavoroso. Enero de l976. Unos meses antes, en mayo de 1975, había llegado a tener dos mañanas de playa en Santos, a donde había acudido en operativo  salvamento Sergio-Lily-Sebastián. Allí la primera mañana tuve sol. La segunda frío y lluvia, pero era tal mi sed de playa que no me moví; y me metí en el mar y me bañé bajo la lluvia, sola en la playa desertada por los felices que la tenían a su alcance todos los días. Y hoy, por el momento, tampoco me moveré. ¿Qué voy a hacer en la habitación del hotel? Al mediodía llamaré por si Coraliusina quisiera venir a acompañarme mañana. Pero tengo que saber disfrutar unas vacaciones sola. Si aguanté la semana aquella en Punta Arenas, unica turista en los anales de su historia, ¿cómo no gozar ampliamente de Rosas, ejemplo de creación de nuestra sociedad de consumo, enteramente nacida, criada y dedicada al halago del turista?

            Comida, chucherías para comprar, pubs y tablaos flamencos,. Bulliciosa vida callejera. Cabezas y cabecitas rubias integrando las familias alemanas que recorren lenta y maravilladamente las calles y dejan sus marcos a cambio de paellas, cervezas, sangrías, pizzas, collares de caracoles, cerámicas y objetos de cuero. Pero a mí lo único que me interesa es el sol”.

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            Coraliusina acudido presta al llamado de Pandora, agotando en el día entre copas de helados y discotecas sus existencias monetarias, lo que obligó a ambas a regresar prestas a sus hogares.

            Allí encontró nuestra dama su disgusto cotidiano. Durante su ausencia, Alfocelsus había finalizado el operativo infiltración en a casa de una compatriota amiga. Pandora manifestó su desaprobación con toda  la claridad que los buenos modales permitian, pero como no hay peor sordo que el que no quiere oír, la sordera de Alfocelsus y su amiga obligó a Pandora a extremar la claridad de sus opiniones  hasta que el noble Alfocelsus, en un acto de solidaridad con su protegida, abandonó junto con ella su hogar adoptivo, privando  (durante unos días, porque después volvio)  a la anciana Pila-Pila de su apreciada compañía y solícitos cuidados.

            El Fantasma Maléfico regresó a los pocos días a sus lares y en su lugar aparecido la Pisciana Desgraciadísima, quien reanudó sus fraternales relaciones con Pandora.          

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            Con referencia a la segunda mitad de 1979 hemos encontrado muy escasos documentos, por lo que deberemos trazar un breve hilo argumental  que permita comprender éstos.

            El hecho más notorio fue, sin duda, el crecimiento de la angustia de Pandora, cuya vida estaba apoyada, como en trípode, en tres problemas perpetuos: los cuidados a su madre, la falta de dinero, y la llegada definitiva de su  caballero. La resolución de este último, evidentemente, era la clave  para la resolución de los dos anteriores, por lo cual el hecho de que llevara un año a punto de producirse en cualquier instante  no podía dejar de tener a Pandora en vilo. Tal era su angustia, que la falta de documentos de aquella época se debe a un total extravío de los mismos, pero lo que aquí firmamos permitirá ya comprender el relato siguiente, transcripto de un original del mes de agosto:

            “Y llegó. Con su maletita adquirida en 1927, pero todavía en buen estado, con sus juveniles 72 años a cuestas y su sonrisa automática, que se encendía con inusitada rapidez cada vez que Pandora lo miraba o le dirigía la palabra.

            -Vamos a buscar tu equipaje! – propuso Pandora, una vez finalizado el largo y ansiado abrazo, matizado con sollozos, en el cual se sumergieron raudamente los amantes al encontrarse. -¿Qué equipaje? – preguntó Atanor – Solo he traído  esto. - ¿Por qué? – preguntó ingenuamente Pandora –Porque no podía cargar más cosas – respondió sensatamente Atanor.

-La gente que viaja no carga sus cosas – explicó pacientemente Pandora – la Compañía de Aviación se encarga de transportarlas, sabedora de que los sers humanos solo tienen dos brazos y dos  manos.  Un característico gesto de Atanor, consistente en poner mirada ausente y abrir las palmas de las manos como si estuviera impartiendo la bendición a un grupo de feligreses, fue la muda respuesta. Pandora conocía muy bien ese gesto, que intentaba significar algo así como  “Y qué le vamos a hacer”, “No sé”, “Lamento haberte contrariado”, “Así es la vida” y una innúmera cantidad de otros matices  cuya vaguedad era excelente para cualquier ocasión..

            Un soplo helado recorrió el corazón de la dama , pero sobreponiéndose a él decidida a  no profanar la emoción del encuentro con planteos que llevarían a discusiones, se encaminó con Atanor hacia un taxi.

            Llegados que fueron al hogar y tras las esperables escenas de llantos de emoción de la anciana Pila-Pila, que amaba profunda y secretamente a Atanor, y reconfortados con breve refrigerio, pasaron a sus aposentos.

            Me parece que esto significa que no vienes para quedarte – dijo entonces Pandora. Y como la única respuesta  fue el gesto de bendición, prosiguió: porque si fuera así, yo no estoy para que se me tome el pelo. He esperado en total dos años por ti, cosa que no hbiera hecho nunca en la vida por ningún hombre, y ya no pienso esperar más. “Entonces me quedo contigo para siempre – repuso pacíficamente Atanor, quien mediante el lenguaje escrito o hablado solucionaba cualquier problema, en sabia fórmula digna de ser imitada.  Bastaba, en efecto, no preocuparse por la correspondencia entre lo que se decía y la realidad; bastaba, en fin, con que la respuesta satisficiera  los deseos del interlocutor, con lo que se evitaban posibles molestas discusiones.

            En la cumbre de su ingenuidad, Pandora solicitó: Repítelo, repítelo muchas veces, y repítelo también en la sala, delante de todos!”  “Me quedo contigo para siempre y no te dejaré nunca más” repitió con matices de emoción cada vez más perfeccionados Atanor, felicísimo por haber encontrado la fórmula para preservar su tranquilidad y satisfacer a Pandora.

            La frase, repetida después y sazonada con abrazos cariñosos durante el resto del día delante del resto de la familia, motivó exclamaciones de alborozo de Pila-Pila, Aurogalia, Alfocelsus y Maribel, la nueva integrante del equipo cuidador de Pila-Pila en su condición de fisioterapista enviada por la Seguridad Social y fue festejada con  brindis champagne por la felicidad de la  flamante pareja, reunida después de tantas vicisitudes.

            Al día siguiente, Pandora acompañó a Atanor a “El Corte Inglés”  donde podían encontrarse secciones que vendieran ropa de verano acorde con sus dimensiones abdominales..  Adecuadamente vestido, inició éste así una pacífica convivencia en el hogar de la dama, sacando a pasear el perrito  y prodigando sus caricias al gatito, que se enroscaba al cuello de ambos, haciendo más ameno el descanso nocturno.

            “Atanor, dentro de dos meses no podremos pagar nada y nos echarán a la calle” observó, preocupada, pocos días después Pandora, acercándose a él con un cuaderno lleno de cuentas ilustrativas de su afirmación. “Es verdad” asintió amablemente Atanor, después de examinarlas  y quedarse mudo con adecuada expresión de tristeza.  “¿Por qué no telefoneas a Buenos Aires para averiguar si ya salió tu jubilación?” Propuso Pandora. - Sabes que tus deseos son ordenes para mí – repuso galantemente Atanor. Y telefoneó. La jubilación ya  había salido, lo que constituyó pretexto para nuevas botellas de champagne.. “Y ahora, con el producto de la rápida venta de mi piso en Buenos Aires nos podemos seguir aguantando  hasta que se venda alguno de los cinco  tuyos y podamos comprar nuestra casita con jardincito y florcitas” deliró románticamente Pandora. “Sabias palabras”  sentenció Atanor, interrumpiendo su amable conversación con Pila-Pila. “Llamaré a mi abogado, propuso Pandora, quien, debido a su condición femenina, tenía la manía de concretar los proyectos, cosa que, generalmente, desagrada profundamente a los hombres.

            “Señora, si usted no viene personalmente a Buenos Aires, a arrancarle personalmente las llaves del piso a su hijo, será imposible venderlo” le informó el abogado, con voz vencida por el cansancio de meses de inútil persecución de Sergio , “El Inencontrable”

            Y entonces una brillante idea surgió  de golpe en la mente de Pandora: “Como tú tienes que firmar el traslado de tu jubilación a Barcelona y yo tengo que conseguir esas llaves, viajemos juntos a Buenos Aires y a fin de mes regresamos con todo arreglado definitivamente” propuso a Atanor. “Acertada propuesta”- repuso éste – no podía esperarse menos de una inteligencia tan preclara  como la tuya, que complementa esas perfecciones físicas y espirituales con que la naturaleza te ha dotado, amada mía!”

“Adiós, Francisco, hasta la vuelta” – dijo Atanor con su maletita en la mano al portero del edificio, después de abrazar a Pila-Pila, rascar la cabecita de la Dunga, palmear a la Diorita  y despedirse cariñosamente de Aurogalia, Alfocelsus y Maribel. Y acompañados por la Princesa Rosaura y Coraliusina, tomaron ambos el avión rumbo a la lejana Sudamérica”..

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Del diario de Pandora:

10 DE SEPTIEMBRE DE 1979

I

            “Yo había escrito a Sergio informándole de nuestra llegada y rogándole que viniera a recibirnos al aeropuerto. Le escribí que sería para mí una alegría inmensa que pudiéramos comer juntos ese día, tras dos años de separación. No vino. Al salir de la aduana encontramos únicamente a Lily (mi nuera) y Sebi (mi nieto) que llevaban cuatro horas esperando bajo la lluvia. Comimos en su casa y a la tarde fuimos al piso. Sergio  no  le había dado las llaves a Lily, solamente el recado de que se las pidiésemos al portero. Tras vencer la obstinada resistencia de éste (“¿Y cómo sé yo que es verdad que usted es la madre de Sergio?” “¿Y cómo se yo que es verdad que usted es la dueña del departamento?”), entramos.-

            ¡Horror! Todo estaba desordenado, sucio, con evidentes signos de una huída precipitada. El dormitorio estaba sin cama, la cocina sin nevera, las lámparas arrancadas del techo, las paredes con la pintura descascarada, la bañera con misteriosos agujeros negros. En ese momento entró Sergio: “¡Hola, mamá!” Me giré de espaldas. “¿Tienes las llaves” – pregunté en esa posición – déjalas sobre la mesa”. Y será mejor que no nos veamos. “¿Pero por qué?”  preguntó con dulce y persuasiva voz . “Vámonos!” propuse, metiéndome en el ascensor. Lily, Atanor y Sebi estaban desconcertados y despavoridos. “¿Estás enfadado conmigo o con el portero?” oi la voz de Sergio a mi lado, mientras yo escudriñaba la calle buscando un taxi, en total concentración en la t area. “Hablálo, Montse, no seas así” decía Lily, a mi lado. “Ah! Allí hay un taxi, vamos” dije yo en mis trece. Y partimos, con las llaves en mi bolso”..           

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            Atanor regresó a su hogar porteño y comenzó a venir todas las tardes a visitar a Pandora, (hospedada en la casa de Lily) quien inmediatamente había hecho las gestiones necesarias para poner el piso en venta.  “Bueno, ¿y tú que has hecho?” inquiría Pandora cada tarde, mientras ofrecía su copa de vinito a Atanor.  “Todavía nada, amada mía. Las cosas deben madurar al conveniente ritmo. Toma ejemplo de la naturaleza, que no permite que nos frutos caigan de los árboles  hasta haber cumplido su ciclo, acorde con la sabia armonía que regula el universo” – respondía Atanor. “Pero es que el día 30 tenemos que volver con todo hecho” argumentaba la impaciente Pandora., que se había comprometido a ello cuando solicitó la licencia en el Consulado del Brasil en Barcelona.

            Hasta que, después de cuatro o cinco días, Atanor apareció en la casa con su mejor expresión de desconsuelo “Amada mía, luz única que ilumina el sendero de mi vida, mi corazón se estremece de dolor ante las tristes nuevas que me veo obligado  a transmitirte.  Sé que con tu serenidad y ecuanimidad, una de la tantas virtudes que adornan tu ser celestial, sabrás comprender y llorar junto conmigo, en solidario abrazo, esta cruel jugada que nos impone el destino”. “Sospecho que ya sé de que se trata” – murmuró Pandora, que llevaba haciendo el análisis de su amado en forma especialmente objetiva en los últimos tiempos. “Mi mujer no quiere que me vaya, amada mía, se lo he preguntado y no me da permiso”. “ Pero te seguiré adorando a la distancia” añadió  un poco preocupado, posiblemente, por la expresión que debió adquirir en ese momento el rostro de  Pandora.

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Bueno, aquí estoy yo. Se acabó Pandora. No se acabó Atanor, que siguió viniendo todas las tardes a tomar su vinito y me acompaña a pasear con Sebi en su auto y a tomar fotografías y a dar de comer a las palomitas en la Plaza. Le dije de todo, de todo, mejor dicho se lo grité, culminando con el clásico ¡Vete! ¡No quiero verte nunca más!”  Pero una vez desahogada lo sigo  viendo, y posiblemente le seguiré escribiendo. La culpa es mía. ¡Por qué no sabré analizar mejor, Dios mío!

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Período 2  DE  OCTUBRE 1979 – 2 DE ENERO 1980.

            Habíamos dicho que  “se acabó Pandora” y ésta, en su momento, lo sintió así al escribirlo. Pero no. Inquebrantable como el roble que resiste la furia del temporal, inició su segunda etapa en tierras catalanas.

            Las primeras épocas fueron relativamente felices: había por lo menos dinero para cancelar deudas, para comprar una cama ortopédica a Pila-Pila, un colchón de aire accionado por un aparato generador inglés para combatirle la aparición  de las llagas, una almohada especial importada de Alemania para casos como el de ella….

            En octubre me compré una gatita preciosa, pequeñísima y gordita como un cerdito, a la que llamé Lily. Rompe unas quince cosas diarias, pero es el colmo d la simpatía.

A fines de octubre desapareció de escena Aurogalia, a quien se le habían subido demasiado los humos a la cabeza: “No tengo tiempo de ocuparme de usted, yo tengo que cuidarme de su mamá”… “No estoy hablan do con usted, estoy hablando con Alfocelsus”. Además de levantarse en bata al mediodía para poner discos y sentarse a comer en la mesa servida. Y a la noche tomarse su vermucito o su cuba libre viendo televisión mientras yo limpiaba. Un poco demasiado.  Antes  de salir de casa  me sacó todo  el dinero que pudo aduciendo que yo debía de haberla tenido afiliada a la Seguridad Social y no lo hice (yo no lo sabía, y ella  nunca me lo había  pedido).

            Seguimos con Alfocelsus y  otro joven brasileño, recién llegado e infiltrado en casa durante mi ausencia  por el primero, quien lo presentó como su hermano, pasando a reconocer después  más adelante que era su “hermano adoptivo” pero en realidad era su pareja., pues ambos eran homosexuales, condición  más evidente en Alfocelsus. Se llamaba Weber, y de ahora en adelante  me referiré a él como  “El Rosacruz silencioso”. Nos repartimos las tareas: ellos, levantar y acostar a Pila-Pila, montar guardia en la casa para que ella no quedara nunca sola, combinándose a su gusto. Específicamente Alfocelsus: comprar la comida y cocinar. Específicamente el Rosacruz Silencioso: lavar platos y limpiar la cocina. Yo: lavar la ropa y limpiar el piso. Resultado: al poco tiempo compramos un lavarropas, una enceradora, un juego de vajilla y una olla a presión. Me cuido y cuido a los demás.

            El artículo que había sido aceptado para publicarse en La Vanguardia fue cancelado porque “había sido  aceptado para ser publicado en verano, que tenemos pocas colaboraciones, y ahora estamos en invierno y tenemos que atender a nuestros colaboradores habituales” según me informó el señor Jaime Arias  en su oportunidad.

            Hice una tremenda cantidad de arreglos  hogareños irrescindibles, me compré una bicicleta y salvé el poco dinero que quedaba de la venta del piso de Buenos Aires entregándolo para la adquisición de un ático de 37m2, muy bien ubicado, en la calle Consejo de Ciento esquina Aribau, con hipoteca de  un millón de pesetas  a 10 años. Seguí viviendo con Alfocelsus, el Rosacruz Silencioso y la anciana Pila-Pila cada vez más decadente, más decrépita, más delirante, más debilucha.

            La Navidad de 1977, Pila-Pila me había obsequiado con su extravío por Madrid. Todo el día sin comer, dos viajes a la comisaría y aviso por Radio Nacional de España a todos los patrulleros del país.

            La Navidad de 1978 Pila-Pila me había obsequiado  con la grata alegría de su reintegro al hogar, devuelta por su amantísima hija, la Pisciana Desgraciadísima.

            La Navidad de 1979 Pila-Pila estuvo más original: me obsequió con una preciosa pulmonía, perfecta, 42º de fiebre y un millón de unidades de penicilina cada seis horas, durante diez días. Como no quise hospitalizarla, tuve que debutar como aplicante de inyecciones por primera vez en la vida para  ahorrar el dinero de practicantes o enfermeras.

            Alfocelsus, que es cíclico, ha entrado en la normal etapa de odio hacia  mi persona, que prodiga con admirable sutileza. El. Dinero del banco vuelve a tocar a su fin. Atanor ha confesado que se dejó llevar por sus deseos más que por sus firmes propósitos en todo lo que me escribió en sus 103 cartas durante casi dos años, pero lo importante es que me sigue amando a la distancia, aunque su mujer sea tan mala que no lo deje venir.

            Coraliusina aparece, plena de amor, a hacer visitas de una a dos horas cada quince días, visitas que aprovecha para presentarme a su novio definitivo.

            La Princesa Rosaura hace a veces altos en su desenfrenada vida social para dedicarme algunos cariñosísimos momentos.

            Edudu, “El alma del PSOE”, me llama de vez en cuando para prometerme visitas e invitaciones que no se cumplen, pero vale la intención.

            Y así, con una cena de arroz hervido con patatas hervidas preparada malévolamente por Alfocelsus, pero con cinco botellas de champagne regaladas por algunas almas caritativas de esas tierras, entré en 1980, tragando uva por campanada, deseando que Pîla-Pila muera pronto, feliz y sin darse cuenta, que Edudu consiga su piuesto en el Ayuntamiento y que yo tenga un 80 libre de deudas o por lo menos con unas deudas un poco más pequeñitas que las de 1979.

            ¡HAPPY NEW YEAR!   HASTA LA PRÓXIMA!

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            COMIENZA EL AÑO  1980 BAJO ALENTADORES SIGNOS: me entero por un  programa de TV que Saturno, que llevaba años ejerciendo nefasta influencia sobre los leoninos, ha dejado de  ejercerla, algo así como que se ha trasladado a otra casa del Zodíaco, o no sé que diablos pero bueno, lo importante es que se me ha acabado la mala influencia de Saturno.

            ¿En qué se evidencia esto) Por ahora en nada, pero no desesperemos, no desesperemos. Meditemos sobre cosas positivas:

-No me he engordado más d lo que estaba. Creo que incluso he perdido 300 gramos.

-Mi nueva hijita, la Lily-gatita, es cariñosísima y me compensa los desprecios de mi hija segunda, el Felix Europeo Común  fiero y selvático denominado Dunga.

-La mayor –la perrita Diorita-  sigue igual: haciéndose todas sus necesidades por el piso y crónicamente hambrienta, haciéndome perder un tiempo precioso con sus paseos matinales, vomitando y ahogándose de vez en cuando, pero cariñosita también,  la pobre.

-A pesar de ser invierno, no solo no hace mucho frío, sino que hace a veces días bonitos, con cielo azul y sol.

-Coraliusina está feliz, viviendo con un chico alemán que la ha llevado incluso en viaje a Alemania, a casa de sus padres. Y la felicidad de Coraliusina es una buena parte de la mía..

-El Sergio me escribe poco, pero largo y cariñoso, y parece que tambiçen está feliz, y su felicidad es también una buena parte de la mía.

-La presión me ha subido horrores pero después me baja, porque me sube a causa de las rabietas y berrinches que me llevo. Por lo tanto tengo suerte, pues peor sería que me subiera en forma permanente.

-Conseguí pasar el escritorio usado y antiguo comprado en “Es Encants”·. Después de seis sucesivos carpinteros que se negaron, encontré un séptimo, joven, barbudo y valiente catalán que le serruchó las patas, poniendo así fin a las dos interminables semanas de estadía dl escritorio en el hall de entrada , donde, además de asustar a los visitantes, obligaba a entrar y salir del piso conteniendo la respiración.

-Alquilé el ático el primer día del primer aviso y a la primera persona que se interesó por él, por el precio que yo quería.

-Conseguí formalizar mi próxima exposición para la segunda  quincena de mayo. No quedó muy claro, pero sospecho que tendré que pagar 40..000 pesetas de alquiler de sala. Pero de aquí a mayo…

-Edudu, “El alma del PSOE”,  se está volviendo más formal y cumplidor, e incluso una vez me invitó a almorzar y pagó él. Dando muestras de su personalidad noble, justa y recta, se ha librado de las garras del capitalismo burgués para volver a ponerse al servicio de los intereses del pueblo, motivando mi alegría y admiración.

-La Princesa Rosaura sigue alegre, cariñosa, animada y animante, a pesar de sus altibajos (más bien bajos) físicos y económicos.

-Me van a conceder la hipoteca de un millón de pesetas para el ático. Solo tendré que estar pagando 50.000 pesetas por trimestre durante diez años, o sea que cuando entre plenamente en los umbrales de la ancianidad, será mío.

-Tengo un lío terrible de gente en casa que… bueno, eso ya no lo puedo poner entre las cosas positivas. Sorry. Lo pasaré a la otra sección.

SECCIÓN NEGATIVA:

          - Me riñeron mucho en la editorial cuando tuve que confesar que solo había traducido 100 páginas del libro de 600 que ellos pensaban publicar el mes que viene.

- La venta de ·”Mi vida con Coral” no está resultando, por ahora, el éxito mundial que esperábamos. También, nadie se ha enterado de que ha salido…Y cuando me ponga a ejercer mi acción personal con los periodistas, ya no será un libro recién publicado.

- Pila-Pila: las piernas cada vez más encogidas. Ahora se ladea en la silla, y se le está doblando hacia dentro la mano derecha. Tenemos que  atarle con vendas la mano a un libro para estirársela, pero le duele, la pobre llora cada tres por cuatro.. Se pasa horas y horas sentada en su sillón en el comedor, deseando ansiosamente que alguien la escuche. Pero los habitantes habituales de la casa ya estamos hartos ee que nos ofrezca en venta sus muebles. Hoy le ha explicado a Pilarín ( que soy yo)  lo bien que se portaba la pobre Montserrat con ella.

El  lío de gente:

            Bueno, es tal que para explicarlo va a resultar un poco largo. Intentaré:  en enero puse en marcha mi plan de alquilar habitaciones en la casa. Los primeros huéspedes fueron una inglesa que estaba en Barcelona dando clases de idioma y un muchachito árabe-libanés, enviado por su padre para ingresar en la Facultad de  Medicina.

            Me gasté más de lo que me pagaron  en sábanas, colchones, almohada y cubres, y duraron menos de un mes. La inglesa sacó una mañana la cabeza d su cuarto diciendo:

            “I’m sorry, Montserrat, but I cannot  definitively stand this bathroom so dirty”. El baño estaba limpio, lo que no podía aguantar  era a Alfocelsus que, en su agresividad general crónica y creciente le dijo que no le extrañaba que hubiera llegado a su edad sin casarse.  El libanés entró en pánico ante el anuncio de que iban a aumentar notablemente las matrículas  para los estudios de medicina ( o esa es la razón falsa que me dio) y se largó de la noche a la mañana. La verdadera pudo ser las llamadas secretas desde mi teléfono a la Arabia Saudita, donde tenía a su padre, y que repercutieron dolorosamente en mi cuenta telefónica posterior. No desanimada por ello, puse nuevamente anuncio. Asi, la noche en que Alfocelsus golpeó la puerta de mi dormitorio, abrí y me dijo con una maletita en la mano “Boa noite: vou embora definitivamente para que você possa  melhorar seu sistema nervoso” entraba otro británico, también profesor de inglés ¡Ah!... aquí encuentro un trozo de diario que encaja en esta situación lo transcribo:

            “El domingo vino una señora andaluza a ayudarme a vestir, levantar y atender a Pila-Pila (1.000 pesetas). El lunes por la mañana vino una gallega  que acababa de tomar para limpiar el piso y cuidar a Pila-Pila de lunes a viernes hasta después de comer, y que odia ferozmente a Alfocelsus y a Weber, el Rosacruz Silencioso, atacándolos cada diez minutos. Cuando supo que Alfocelsus se había ido, con su visión negativa de la existencia me dijo “no sirve para nada, le queda el otro, que es peor”.

            Bueno, a la tarde volvió la andaluza para cuidar a Pila-Pila porque Weber había dicho que también se iba, y tenía que salir para dedicarse a buscara trabajo y habitación. Esa noche entró un segundo huésped, un abogado español. En esta semana tengo que resolver de alguna manera la situación, pues no puedo pagar 16.000 pesetas a la gallega más otras 16.000 a la andaluza por las tardes y los domingos, más el costo de la comida de Weber. ¿Quién saldrá de casa?  La andaluza me propone venir ella todo el día y que despache a la gallega, la gallega me propone venir ella todo el día y que despache a la andaluza y a Weber. Éste permanece quieto y tranquilo y no me propone nada. La gallega y la andaluza pueden limpiar, pero no acostar y levantar a Pila-Pila sin su ayuda. El Rosacruz Silencioso. puede acostar y levantar a Pila- Pila solo, pero no puedo pedirle que la limpie. Creo que la que va a salir de casa temporalmente a hacer unas vacaciones en un hospital será Pila-Pila, seguida de la gallega, la andaluza y el Rosacruz Silencioso.

            Alfocelsus reapareció el lunes para pedirme dinero. Como le hubieran correspondido 3.333 pesetas le dí las 5.000 que me acababa de dar el británico por el saldo de su alquiler de habitación. El sábado le había dado 5 a la gallega y esta noche con las 500 completo las 2.000 entregadas a la andaluza. Me queda un cheque de 4 del abogado español, y el sábado tendré que pagar los 5.000 de la gallega.

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Del diario de Pandora:

13 DE FEBRERO

            Me desperté con un ruido suave e intermitente:  “Otra vez la Diorita vomitando” – pensé. El ruido se reanudó: “¡Diorita!” grité . No hubo la interrupción habitual.  Encendí la luz. Estaba durmiendo tan tranquila. Entonces mi cerebro empezó a funcionar: “Mamy ¿estás bien?! – No, estoy vomitando”- contestó, suave y pacíficamente.  Me levanté: estaba inundada en un líquido negro. “No te voy a dar más chocolate” – dije.  Mi cerebro todavía no se había acabado de despertar.  Solo minutos después recordé que o no había tomado chocolate en las últimas 48 horas.  La limpié como pude y llamé a Weber. Nos quedamos los dos desconcertados. Llamé al médico :  “Puede ser algo gástrico, o úlcera de estómago o algo peor. Dele solo leche y tales polvos”. Al mediodía había vuelto a vomitar, esta última vez amarillo-verdoso. “La interno. Esta vez la interno”, decidí. Para ello solo tenía que llamar al médico de la Seguridad Social que mandaría al suplente quien, sin mirarla ni visitarla, firmaría la orden de internación. Y así fue.  En el curso de la tarde y de la noche quedaron sucesivamente alarmadas  Maribel, La Princesa Rosaura, Coraliusina, la enfermera que le venía a curar las llagas y la Pisciana Desgraciadísima, a quien llamé a Madrid.  Pila-Pila estaba con los ojos cerrados y no hablaba. Me acosté pensando en la hemorragia interna que, según la enfermera, podia estallar a la noche.

14 DE FEBRERO

            A las ocho, llamada del servicio para despertarme, llamada de la Pisciana Desgraciadísima, llamada de la Princesa Rosaura, llamada de Teresa, la enfermera, llamada mía a la Cruz Roja pidiendo ambulancia. Nervios, prisas. Preparo la bolsa con camisones, medias,, bragas. Yo parto con ella en la ambulancia y Weber se me reúne en la sala de espera de urgencias. Las nueve y media. A las 10.30, una médica me interroga y me dice que prosiguen los exámenes, a a las 12 tendrán una apreciación. Son las dos, las dos y media y aún no me han llamado, seguimos esperando.

            Finalmente:, tras cinco horas en la sala de espera!  Le han hecho hasta electrocardiogramas. Está sanísima, no tiene nada, hasta le han dado un caldo y pide más comida. La dan de alta y me  la devuelven, quizás extrañados de mi falta de alegría.

            A las 15 vuelvo a estar dentro de una ambulancia, con ella al lado, camino a casa  (¡Por qué no podrían haber tardado una semana en hacer las pruebas! Una semana, tan solo, de descanso!) Le digo : “Estás contenta? “Estás mejor que yo” y me contesta “¿No te habrás olvidado las medicinas que te han dado?”

             La he dejado en casa, comiendo patatas hervidas, y me he venido al trabajo.”

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            Ya sin salida, Pandora decidió  aceptar la internación ofrecida en la Fundación Albá, a la que había ido a visitar y encontrado en mucho mejores condiciones que el año anterior. Y la mañana del 6 de marzo Pila-Pila hizo el último traslado definitivo de su vida, acostada en una  ambulancia, con Pandora tomándole las manos. Allí va todos los lunes y jueves a visitarla, y a escuchar sus relatos de cómo su padre ha ido a visitarla y se ha olvidado sus pantalones al  irse o de cómo ha comprado todo el edificio de la Fundación con su amiga Blanquita de Buenos Aires y le dará una pequeña participación en acciones a Pandora.

            En abril, el Rosacruz Silencioso se fue a vivir definitivamente con Alfocelsus a un departamento que habían conseguido y pocos días  más tarde ocupaba su habitación Florencio, el argentino.

            En aquellos días en que Pandora creía que podría poner en orden su vida, después del desengaño de Atanor, clamaba al cielo por un argentino: con su neurosis, su amor a los tangos, sus obsesiones políticas, su inteligencia y su cultura. Y el  destino decidió agraciarla d una vez. Le dio todo lo que Pandora pedía, pero elevado al cubo, y matizado por una psicopatía total. Bueno, para qué lo pidió..

            Constituíamos ahora una especie de International House, con las dos gatas en celo permanentemente gritando por el pasillo, con especial delectación frente al cuarto del huésped británico cuando este  duerme, la perra haciéndose sus necesidades ante el cuarto del abogado español, en señal de amor y devoción hacia él, y sin que se pueda decir que haya exceso de simpatía entre mis huéspedes hacia cada uno de los otros ni hacia cada uno de mis bichitos. Únicamente Carlos, el  abogado español, que empezó diciendo “¡Que mona es esta Lily!” quizás para agradarme, cuando le saltaba encima clavándole las uñas, ha llegado realmente a quererla de verdad..

            Edudu, “El alma del PSOE” soporta con dulce paciencia los sucesivos cambios de personajes de mi casa e introduce apoyo moral, gracia y sensatez en sus frecuentes visitas. El Rosacruz Silencioso ha demostrado su sincero afecto hacia mí y hacia Pila-Pila, acompañándome todos los jueves a visitarla, y paseándola por el jardín”,

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            El argentino le costó a Pandora un ojo de la cara en llamadas internacionales y medicaciones por sus continuadas enfermedades. Y encima, una noche que estaban conversando, le dijo ( era refugiado político, héroe de la resistencia  contra el militarismo dictatorial imperante en la patria)  “No puedo tener nada en común con vos porque vos no querés realmente al pueblo”. Pandora se quedó muy emocionada e impactada con la noticia de que no amaba al pueblo. Además, es originalísimo eso de ser dejada por un hombre porque una no ama al pueblo. Le pidió por lo menos algo de afecto y atenciones en su relación social, pero el héroe estaba demasiado preocupado con sus problemas para poder fijarse en estas tonterías.

            Finalmente, Pandora se armó de valor, le hizo las maletas y se las dejó cerradas junto a la puerta del departamento. Gracias a Dios entendió la indirecta.

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Del diario de Pandora:

28 DE JUNIO DE 1980

            Estoy esta tarde pasando en limpio los fragmentos  del relato concerniente al mes de junio de 1979 y, de repente, si quiero establecer un paralelo, me encuentro  con que no sé cual es peor.

            He ido hoy por la  tarde a la Fundación Albá a ver a mamá y la he vuelto a encontrar en la cama.  A través de una asistenta, me he enterado de la verdad. Ya no la levantarán más,  ya no la pondrán más en la silla porque sus llagas están demasiado mal.  Le han vuelto a sacar la dentadura,  y no puedo reclamar porque, efectivamente, por más que he probado con una marca diferente de pasta para enganchar dentaduras postizas, no se le fija porque las encías están reducidas.

             Al estar sin dentadura superior ( pues conserva parte de sus dientes naturales inferiores), se le hunde todo el hocico y el labio debajo de la parte inferior de la cara, con lo que queda horrible y además no se la entiende cuando habla. Y de repente he visto su mano izquierda y me he dado cuenta de que estaba enorme, hinchada, de color violáceo. Terrible, el contraste de esa mano con la derecha, solo piel y huesos, con todos los dedos curvados y encogidos por el reumatismo, o el Parkinson o qué sé yo. Me acuerdo que hace unas semanas cuando la fui a ver me dijo muy seria y preocupada: “¿Sabes que he perdido un dedo?” “No, mamita, está aquí, aquí debajo, mira: uno, dos, tres, cuatro cinco. ¿Ves como está?”  ¡ Se puso tan contenta! Después les explicó  a la monja y al médico que había encontrado su dedo. Hoy me ha dicho “Sabes que me hacen mucho daño, ayer me hicieron mucho daño, me curaron sin anestesia” ( siempre la curan en vivo, pero la monja dice que no le duele porque no grita). Yo ya he hablado con el médico para pedirle que le den calmantes para el dolor y se echó a reir : “¡Només faltaría!” (*)  como si yo hubiese dicho un disparate. Tiene la piel toda reseca por deshidratación, y yo no estoy allí para ofrecerle a cada momento un poco de agua. Y las rodillas dobladas, juntas, le llegan casi al mentón. Le he dado un caramelo y he ofrecido caramelos a las otras viejecitas que están allí, acostadas desde las cuatro de la tarde, mirando fijamente el techo sin dormir hasta que a las 8 o 9 de la mañana siguiente las ponen en su potro de tormento, su silla de ruedas…”.

(*) frase en catalán, traducible por ¡solo faltaría!

JULIO DE 1980         

            “Claro, esto me pasa por no escribir más seguido. ¡Tengo tantas cosas otra vez apiladas para contar!  Me fui a una agencia matrimonial. Así, como está escrito: pagué 5.000 pesetas que me daban derecho a conocer a 6 señores que a su vez habrían pagado  con 5.000 pesetas el derecho a conocer a 6 señoritas y/o señoras. Llené un formulario, donde habían tres líneas dedicadas a estipular los requerimientos básicos del solicitante.  Escribí : más o menos de mi edad, con cultura preferentemente universitaria, con sentido del humor y con ideas políticas de izquierdas, preferentemente socialistas”.

            Otro rubro del formulario era: “Me gusta…. Y cinco líneas enumerando cosas que supuestamente a uno le gustan. Taché niños, cocinas, gastronomía, caza y creo que pesca.

            Bueno, me presentaron a un labrador que adora cazar y pescar, y ha votado por Esquerra Republicana, pero a pesar de todo eso me enamoré. Aparentemente él también, pues ambos renunciamos al cabo de una hora de haber tomado juntos  una cerveza  en un bar, a nuestro derecho a conocer futuros señores o señoras. Me empezó a llamar todos los días sin faltar ni uno desde Lérida, en un pueblecito cercano a la cual tenía sus campos, vacas y ovejitas, y vino dos veces a Barcelona para verme solo unas horas. Después yo fui a verlo a él, y me sentí feliz en medio e sus ovejas y vacas, recorriendo los campos tomados de la mano. Pero a pesar de que él también había parecido feliz, a la semana siguiente interrumpió sus llamadas. Entonces me presenté en Lérida, calculando que podría estar enfermo. Estaba sanísimo, y muy contento de verme. Quedamos amigos pero no me volvió a llamar. Entonces me volví a presentar en Lérida para tener una explicación y acabar de una vez. Pero en vez de acabar reanudamos todo con intensa pasión. Y ahora vuelvo a estar esperando que me vuelva a llamar o a venir, como me prometió. Esperaré todo el mes de agosto y después si no aparece, adiós. La dignidad ante todo. Bueno, a pesar de eso, que me hace correr tropezando cada vez que suena el teléfono, estoy feliz. Feliz porque he descansado. He ido a la playa, he ido a ver a mamá, y me he comprado otro gato, en previsión de que el leridano no aparezca. Cumplí 52 años en pleno proceso de adelgazamiento para recuperar mi buena silueta de épocas argentinas, y dejo transcurrir el mes de agosto acordándome de una canción mexicana cuya letra, naturalmente, se ha difundido en inglés: “· Que será, será, whatever will be, will be, the future is no ours, to see, que será, será….”

FIN

de las Andanzas y desventuras  de una dama hispano-catalana-argentino brasileña a su regreso a los lares nativos.